Seguimos articulando, encontrándonos y construyendo juntas. Como agrupación, sabemos que sostener los vínculos y abrir espacios para conversar, escucharnos y reconocernos también es una forma de hacer comunidad y fortalecer nuestras luchas.
Durante los últimos meses hemos continuado generando espacios de encuentro en torno a nuestras oncecitas, instancias pensadas para compartir, conversar y reflexionar desde la cercanía y el cuidado. En julio realizamos la Oncecita Tortillera, un espacio para reencontrarnos, compartir nuestras experiencias y poner en común nuestras miradas y preocupaciones.
Recientemente volvimos a encontrarnos en una nueva edición: la Oncecita Bizcochita, donde nos reunimos para conversar sobre nuestros puntos de encuentro y nuestras tensiones, reconociendo que construir colectivamente también implica habitar nuestras diferencias, ponerlas en palabras y buscar formas de seguir caminando juntas.
En ambos encuentros, la conversación estuvo atravesada por la ternura, el acuerpamiento y la escucha, entendiendo que nuestras formas de organización no se sostienen únicamente desde la acción política, sino también desde los vínculos que construimos y cuidamos entre nosotras.
Las oncecitas son, así, una invitación a detenernos, compartir la mesa y volver a encontrarnos. A reconocernos en nuestras historias, diferencias y experiencias, y a preguntarnos colectivamente cómo queremos seguir articulándonos.
Porque encontrarnos también es organizarnos.
Y acuerparnos, una forma de seguir construyendo comunidad.
