Lesbianas y belleza
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Erika Montecinos
Tuve el privilegio de ser invitada al concierto de la española Christina Rosenvinge en Santiago. Me entusiasmé porque la cantautora me recordaba esos años de estilo “grunge” universitario viendo subtextos en su canción “Tú por mí” que hablaba de una amistad entre dos mujeres muy unidas.
Mi sorpresa fue encontrarme con un recinto repleto de mujeres, muchas de ellas mirándome con cara de cómplices o porque en este reducido mundillo lésbico, nos ubicamos entre todas. Pero de ahí comencé a plantearme qué es lo que generaba esta cantante alta, rubia, con una cuerpo físico envidiable a sus 45 años. Es para admirar si nos ponemos en el contexto de la exigencia del “ser mujer” occidental: delgada, “femenina” y blanca. Nada cuestionable, porque me cuento entre quienes no se quedan ciegas si mujeres como ella pasan a mi lado. Además, la Christina es de armas tomar: una mujer liderando un grupo musical, “sin necesitar hombres” más que para el coro, rockeando y utilizando su voz sensual para gritar su rebeldía. ¡Nuestra máxima proyección de rebeldía! porque toda la belleza de esta cantante mitad danesa, mitad inglesa y mitad española, no es más que nuestra proyección de lo que quisiéramos ser en estas sociedades latinas.
Sin embargo, después del concierto, nos fuimos a un bar del ambiente en Bellavista y una amiga se (me) preguntó mirándo a su alrededor algo desilucionada, por qué la mayoría de las lesbianas “éran feas”. Y lo uní con esto del concierto y la cantante ésta y la fascinación que provoca en la mayoría de las mujeres de Safo. Y me quedé pensando que en realidad la belleza es algo tan subjetivo, algo cultural y que se aprende a valorar de acuerdo al grado de exposición que tengas a las imagenes y de las, repito, continuas exigencias al “deber ser” de una mujer. No podemos negar que la mayoría llevamos una carga existencial demasiado pesada, porque asumirse lesbiana generaciones atrás (al menos en la mía), era casi una cruz, una violencia constante, un pudor y una vergüenza que tiene directa relación con el sexo. Asumir que una era lesbiana, en la mayoria, era rebelarse a ese mandato obligatorio de la faldita, del maquillaje, de las piernas cruzadas, etc. De hecho, cuando me asumí en la U, salté feliz porque mi madre ya no me iba joder con eso de los vestidos. Al poco andar entendí que al fin y al cabo me fuí estructurando en una etiqueta, me fuí aprisionando otra vez en un cuerpo obligado, salí del mandato heterosexual al mandato lesbiano y así me fuí moldeando. Odie el rosado, odiaba a todo lo que oliera “femme” porque según mis prejuicios, eso era “hueco” (o superficial para no herir susceptibilidades). Y así pasé años de mi vida en la parada “lesbiana combativa” rebelándose al patriarcado…todavía lo hago, pero hay otras formas.
Y esas otras formas, dieron paso a una reconciliación con una frase trascendental: Todas y todos somos iguales en esencia. Si hay desigualdad, si hay injusticia, es por el chicharreo humano de separación. Y lo mismo pasa con la belleza. Hay una belleza que está de forma natural y que los traumas de la vida, los shock, los sufrimientos, nos van cargando convirtiéndonos muchas veces en personas oscuras, tristes, con una mochila que bien puede convertirse en una joroba. La rabia ésa que tenemos al vivir en un mundo discriminador, también es una mochila pesada que nos va moldeando en la imagen que proyectamos y eso le dije a esta amiga en el Bar: toda esa imagen de la lesbiana descuidada es quizás sólo rabia o una etiqueta que nos imponemos porque así lo aprendimos del discurso oficial.
Y son tantas las etiquetas y tanta la discriminación entre nosotras mismas, que ahora se hacen fiestas donde sólo van “minas ricas”. Tal vez con el terremoto esa visión cambió o seguimos viendo el mundo según nuestros ojos occidentales de la belleza. No lo sabemos, lo que está claro es que la autoestima y la aceptación es algo que se trabaja creciendo en un camino evolutivo como persona, mientras sigamos apegadas a las etiquetas, a las estructuras de lo que debe ser una lesbiana, difícil que avancemos algo si cargamos con la rabia, con la ironia como arma para herir, con la indiferencia a lo que nos pasa, con la vergüenza por la vida. Eso cansa, y deteriora nuestro cuerpo. Todo eso de la belleza queda totalmente de lado cuando miramos con ojos limpios de la aceptación a la otra persona: mujer, lesbiana y hermana.
Bellísima editorial. Esta muy cambiado el tono de lo que era años atras la pagina y creo que tiene que ver con el crecimiento de quienes la hacen posible. Me gusto. Y es verdad, la belleza es algo demasiado subjetivo, hasta una rata me podria parecer bella!
13 Abril 2010 at 18:20